Un plano medio de una mujer con suéter lavanda en un supermercado, sosteniendo y comparando dos aguacates diferentes con ambas manos cuidadas y con anillos. El fondo de la sección de frutas está desenfocado, simbolizando la toma de decisiones cotidianas a los 30 años.

A los 30 nadie sabe lo que está haciendo.

Si ya te mudaste al tercer piso de la vida y estás pasando por la crisis de los 30, es posible que sientas que de la vida tienes cada vez más preguntas y menos respuestas. Te cuento que no estás sola.

Hoy hablo de las crisis de identidad que hemos experimentado muchas Millennials (menos las perfectas, pero esas no leen este blog). Este es un espacio de desahogo, donde también comparto algunos tips que me han servido para ir entendiendo un poco este show.

Cuando la identidad anterior se desmorona.

Hace poco vi un meme que hacía referencia a los «Adultos Pro Max», que son esos a los que llamas ante el menor inconveniente porque sientes que siempre tienen una solución (shoutout a mami).

Me reí muchísimo, hasta que entré en reflexión profunda y me pregunté: ¿Cómo es que muchos de nosotros, gente adulta hace mucho, aún llamamos a nuestros padres para que nos digan cómo elegir el aguacate? Y, obviamente, no solo hablamos de aguacates.

Bastó escuchar y observar un poco a algunos de mis contemporáneos para darme cuenta de que el fenómeno de cumplir 30 y tener la sensación de ser rookies eternos en la vida y, para colmo, no saber bien ni siquiera quiénes somos, es muy común.

La crisis de identidad en esta etapa de la vida es real. No es solo drama que, en mi caso, también.

Esa crisis es el nudo en el estómago de las expectativas que no se cumplen, es la batalla interna entre lo que somos de verdad y lo que otros esperaban que fuéramos.

Resulta que a la mayoría de nuestra generación, especialmente a las mujeres, nos han sobrado los títulos académicos, pero nos ha faltado, en su momento, dirección, identidad y propósito.

Hablemos de algunos mitos que nos han tenido en chokehold y cómo zafarnos de ellos.

El mito del Timeline Perfecto

Seguro, como yo, has pensado al menos una vez que cuando nuestros padres tenían nuestra edad, ya tenían hipoteca, hijos y un poodle, mientras nosotras a duras penas mantenemos vivas a las plantas, que muchas veces ni eso.

Y desde que cumplimos 30, las preguntas curiosas sobre cuándo nos vamos a casar o a tener hijos se van tornando en preguntas con tono y caras de preocupación.

Súmale a esto el hecho de que también se supone que tienes que haber escalado en el mundo corporativo hasta ser de la C-Suite de una multinacional mientras tenías al lado un emprendimiento que se volvió multimillonario en los primeros 6 meses.

Porque todas tenemos que: estar casadas, ser mamás, ser CEO, ser »liberales» (porque si no somos intolerantes), pero también tener »valores tradicionales» (porque si no somos «fáciles»). Todo esto mientras nos mantenemos hidratadas y entrenamos 6 veces por semana.

Y resultó que no…

Que no todas se han querido casar, o sí, pero el dating está más difícil que nunca. Que no todas queremos o podemos ser mamás. Que a veces el trabajo de nuestros sueños nunca llega, o sí, y nos deja con burnout. Y así muchas cosas, porque la vida es lo que es, y no siempre lo que entendemos que debería ser.

Pro Tip: Haz limpieza de redes sociales.
Deja de seguir cuentas que constantemente te hacen sentir menos.
Ya bastante tenemos en la vida real como para cargar con estarnos comparando con un feed que no es real.

El Camino de Santiago

Bueno, de Santiago no, pero sí el de descubrir y construir tu identidad, que también es largo.

Plan de acción para aclarar las cosas:

Paso 1: Hacer una auditoría de valores

En tiempos en los que hoy se aplaude una cosa y mañana la cancelan, es importante contar con valores morales y espirituales claros y fuertes, así no vas a estar sacudida a cada rato por lo que hagan los demás.

Es momento de encontrar tus core values, y de tener bien claras tus razones para tener estos valores.

Paso 2: El Ejercicio del Descarte

Despídete de las identidades que ya no te representan. A lo largo de la vida, hemos coleccionado identidades (la estudiante ejemplar, la que siempre dice que sí, la ansiosa, etc…), pero a estas alturas toca preguntarnos si realmente estas nos definen o si por el contrario, nos cargan y nos hacen sentir estancadas.

Haz un listado de todas esas identidades, señala cuáles ya no te representan, y por qué, luego sustituye cada una por algo que sí te describe hoy.

Escribir te ayudará a a poner las cosas en perspectiva y a digerirlas.

Paso 3: Ve poco a poco

Adiós a la mentalidad de todo o nada: No necesitas un cambio radical.

El cambio real es lento y aburrido, pero sostenible. Si hay hábitos que quieres cambiar, como el de dejar que siempre sean otros los que definan quién eres y te lo impongan, empieza con cambios pequeños y sostenibles. El secreto es la consistencia y no la intensidad.

Si te gustaría profundizar en esto de los hábitos, este el libro Hábitos Atómicos, de James Clear, te puede interesar, al momento de esta revisión lo estoy leyendo y, por ahora, me ha servido bastante. Si deseas, aquí puedes conseguirlo: Hábitos Atómicos

Paso 4: encuentra tu tribu

Rodéate de gente que celebra tu evolución y te valora como una obra en proceso, no de quienes juzgan con dureza o se burlan de ti.

Un buen círculo no te da las respuestas, te da el espacio para que las encuentres tú misma.

Paso 5: acepta la incertidumbre

La meta no es «tenerlo todo resuelto», sino aprender a bailar con la confusión. Esto no es cruzarte de brazos o tener la mente de que estás condenada.

Es entender que debemos dar lo mejor de nosotras en las circunstancias que estemos, y que aun así hay cosas que no dependerán de nosotras, y toca hacer las paces con ese hecho.

Ahora cuéntame:
¿Cuál es esa identidad que ya NO te representa?
Te leo en los comentarios

Y después de las crisis, la reconstrucción

La crisis de identidad no es un fracaso, es una oportunidad de aprendizaje y de desechar lo viejo que no nos sirve y sustituirlo por lo que sí nos funciona y nos hace felices.

Así que, la próxima vez que te sientas perdida, respira hondo, haz tu show si quieres, y recuerda que no estás sola.

And maybe, just maybe, la respuesta sobre qué aguacate es el mejor es que compres el que te parezca, que si salió malo no te vas a morir, pero vas a aprender.


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