El fin de la era Aesthetic: Por qué extrañamos la imperfección en Internet.
| Preparativos para un selfie antes de las cámaras frontales 🤳 |
Hubo un tiempo, allá por el 2013, donde la vida era más simple. Abrías Instagram, le ponías el filtro Valencia a una foto quemada de tu café (o X-Pro II si estabas inspirado) y te sentías el próximo genio de la fotografía 📸. No había estrategia, no había feed curado, solo ganas de decir: "#coffeelover".
Hoy, subir una foto se siente como preparar un lanzamiento de la NASA 🚀. Si no sabes de teoría del color, composición en tercios, iluminación y no la pasas por tres apps de IA para ponerle el fondo perfecto, mejor ni la subas. ¿Y lo peor? Después de todo ese trabajazo, la foto recibe 2 likes y un comentario de un bot de criptomonedas que dice no vender cursos 🤡.
Y yo me pregunto: ¿En qué momento nos volvimos tan aburridos?
✨ ¿Extrañas esa libertad de subir cualquier cosa sin miedo al "qué dirán"?
Me encantaría leer tu opinión aquí abajo. ¡Cuéntame tu momento más 2013 en los comentarios! 👇
De los álbumes de Facebook al "Content Creation"
Si viajamos un poco más atrás, a la prehistoria, cuando vivimos la era dorada de Facebook, la cosa era aún más salvaje. Subíamos un álbum titulado "pARtY aNiMalz 2.0" con 74 fotos sin editar 🍺. Fotos con ojos rojos, movidas, con el dedo tapando el lente y fondos cuestionables. Y, ¿sabes qué? Esas fotos generaban conexión real. La gente comentaba, se reía, se sentía parte de la anécdota.
Había una gloria mundana en esa imperfección. Nadie estaba intentando vender una marca personal; solo estábamos viviendo. Hoy, si la foto no parece salida de un editorial de Vogue, nos da ansiedad 😰. Hemos querido perfeccionar y filtrar tanto que lo que compartimos ha perdido su esencia, y hemos pasado de ver las fotos y videos como recuerdos de vida a tratarlo como ‘’contenido’’ y en ese ínterin le quitamos el alma.
De lo orgánico a lo ridículo: lo que ya anunciaba IKEA
Hace casi 10 años IKEA ya satirizaba esta obsesión. Sacó un spot publicitario en el que vemos a una familia noble de hace siglos a punto de cenar, pero antes de probar bocado, traen a un pintor para que retrate el banquete. El cuadro viaja por todo el pueblo para que la gente le dé su "aprobación" antes de que la familia pueda, finalmente, comer 🎨.
Es ridículo, ¿verdad? Pues es exactamente lo que hacemos cada vez que dejamos que la sopa se enfríe porque el ángulo desde arriba no es lo "suficientemente minimalista" . Esa obsesión por el registro perfecto nos ha robado el momento. Nos hemos convertido en curadores de un museo que nadie visita 🏛️.
La paradoja de la perfección: Nadie conecta con un robot
La realidad es que, en un mar de perfección generada por IA y filtros que te cambian hasta el apellido, la imperfección conecta mil veces más. Estamos hambrientos de ver algo que se sienta humano 🤝.
Si te apasiona la edición, si disfrutas pasar horas en Lightroom ajustando las curvas de nivel, you do you. Pero seamos honestos: la mayoría de la gente no lo hace por placer, lo hace por miedo a no encajar en un estándar estúpido.
It’s not that deep
No eres un fotógrafo profesional (a menos que te paguen por ello, en cuyo caso, ignora esto). No tienes que rendirle cuentas a un director de arte antes de publicar. La tiranía del algoritmo solo se rompe cuando dejamos de jugar su juego 🎮.
Sube la foto movida. Sube la foto donde sales riendo, si te gusta, aunque se te vea la papada. Sube la foto con el filtro feo si te da la gana. Al final del día, Instagram debería ser un patio de juegos, no una oficina. La vida es demasiado corta para tener un feed perfecto y una galería de recuerdos vacía 🎞️.
Post the photo. It's really not that deep.
¡Hagamos esto oficial! 🖤
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